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La historia que nos narra la desaparición de Santiago Maldonado con una reflexión final sobre su contexto*

*Texto inspirado en los escritos de Carlos Balmaceda y Javier Stickel.

Autor: Marcelo Villar, militante de DDJJ de la ciudad de Sta Fe. Este texto fue leído por el autor en la Plaza Pueyrredón de dicha ciudad cuando reclamaron por su aparición con vida a los sesenta días de su desaparición forzosa.

Santiago empezó a desaparecer en las primeras 24 horas de este gobierno, cuando la ministra Bullrich ordenó el envío de un ómnibus lleno de gendarmes para reprimir a la Tupac Amaru en Jujuy. Porque un inMorales quería reforzar la seguridad ante desmanes y saqueos que se podían producir por decisiones que iba a tomar y que debían ser respetadas.

Santiago empezó a desaparecer esa noche en la que la Policía Bonaerense irrumpió en un centro cultural de Vicente López y deambuló con los detenidos sin rumbo y bajo amenazas.

Santiago empezó a desaparecer cuando la Gendarmería reprimió a la murga “Los Auténticos Reyes del Ritmo” en la Villa 1-11-14 y uno de los gendarmes le gritó a uno de los pibes baleados que en “la próxima le volaban la cabeza”.

Santiago empezó a desaparecer cuando encarcelaron a Milagro Sala.

Santiago empezó a desaparecer cuando Ezequiel Villanueva Moya e Iván Navarro, integrantes de “La Garganta Poderosa”, fueron introducidos encapuchados en un auto por la Prefectura, para ser conducidos a un descampado, donde fueron golpeados, amenazados y sufrieron simulacros de fusilamiento.

Pero Santiago había empezado a desaparecer aún antes; cuando, el entonces candidato a presidente, Mauricio Macri expresó que “con él se iba a acabar el curro de los derechos humanos”.

Y entonces Santiago siguió desapareciendo con la represión a los trabajadores de Cresta Roja; con las trabajadoras y trabajadores estatales baleados en la ciudad de La Plata; con los maestros reprimidos en la plaza del Congreso cuando intentaban levantar la Escuela Itinerante; con las mujeres arrastradas de los pelos al finalizar la marcha de “Ni una menos”; con los obreros apaleados en Pepsico.

Santiago empezó a desaparecer cuando la Corte Suprema dictó el Dos por Uno para los genocidas.

Santiago empezó a desaparecer cuando como sociedad naturalizamos lo que no es natural ni democrático. Cuando dejamos que se estigmatice una fuerza política asimilándola a una banda de delincuentes y la sola pertenencia entonces te convertía en delincuente.

Santiago empezó a desaparecer cuando en aquel cacerolazo un pibe fue perseguido con furia porque alguien dijo que era de “La Campora” y se salvó por la solidaridad de unos reporteros y un quiosquero que lo protegió en el interior de su negocio.

Santiago empezó a desaparecer desde el 10 de diciembre de 2015 cuando los trabajadores nos convertimos en vagos, en grasa militante o en ñoquis y el conflicto social creciente, alimentado por la política de este gobierno, decidió resolverse no con la negociación sino con la represión.

Santiago empezó a desaparecer cuando un tal Nocetti, defensor de genocidas, comenzó a asociar a los mapuches y a la RAM con una organización terrorista adiestrada y armada nos e sabe bien si por Kurdos o colombianos de las FAR. Y continuó diciendo que además ni siquiera serían un pueblo originario si no que serían chilenos, como si Chile y Argentina existiesen antes de la conquista y contradiciendo el hallazgo arqueológico de una mujer de la etnia Mapuche de más de 900 años en San Martín de los Andes.

Santiago empezó a desaparecer cuando el mismo Nocetti se hizo personalmente presente por orden de la ministra Bullrich y con el aval del presidente Macri en Esquel para coordinar las fuerzas provinciales y nacionales para tomar intervención y detener a todos y cada uno de los miembros de la RAM.

Por eso, sin saber el día, sin saber la hora, sin saber siquiera el nombre; todos los hechos aquí narrados nos conducirían inexorablemente a orillas del río Chubut en Cushamen donde, agarrado a unas ramas y con la mitad del cuerpo adentro del agua, Santiago es visto por última vez cuando un grupo de gendarmes estaba sobre él.

Santiago está hoy y desde entonces desaparecido y he aquí la historia que nos narra su desaparición.

Las tragedias vividas por la humanidad como la que produjo el nazismo o en nuestro país la última dictadura cívico-militar, se construyen a largo plazo y comienzan con una impresionante maquinaria de propaganda desde la cual día a día, hora a hora, minuto a minuto, crean al enemigo a eliminar estigmatizando al grupo elegido. Así ocurrió con los judíos o los comunistas en Alemania. El pueblo alemán no se despertó un día odiando a su vecino judío con el que había compartido parte de su vida, fue preciso que el odio irracional creciera alimentado por ese aparato de propaganda culpando a los judíos seguramente de los males que en esa entonces aquejaban a Alemania. Sembraron así la cizaña para que un día los judíos naturalmente pudieran ser confinados en barrios exclusivos, a los que más tarde convertirían en Guetos del que nadie podía salir ni entrar, para luego conducirlos a los campos de concentración y posteriormente asesinarlos en masa y enterrarlos en fosas comunes o cremar sus cuerpos. Para ello también incendiaron el Reichstag del cual acusaron a los comunistas, así justificaron su persecución y su eliminación. En nuestro país también lo vivimos. El terrorismo de estado no comenzó el 24 de marzo de 1976, venía de atrás, con un gobierno elegido por el voto popular que poco a poco fue endureciendo su respuesta ante el conflicto social; que generó incluso una banda parapolicial como la Triple A que asesinaba y amenazaba a militantes políticos y de la cultura; que sancionó una Ley, la 20840, que les permitió la persecución política de los opositores. Un gobierno que llevó adelante el “Operativo Independencia” para neutralizar y aniquilar a la “Subversión”, ese grupo de inadaptados que al carecer de valor apelan a estupefacientes y que pretenden cambiar la bandera Argentina por un sucio trapo rojo. Finalmente entonces si, vino el 24 de marzo.

Santiago Maldonado es ese muchacho soñador y solidario que decidió generosamente convertirse en alarma y nos está avisando a todos que la espiral de violencia estatal que estamos viviendo puede terminar en una nueva tragedia aún más grande que la que estamos atravesando desde su desaparición. Santiago Maldonado es ese hijo maravilloso que se suma a nuestros queridos 30 mil hijos de este pueblo generoso que hace años expresó de manera contundente NUNCA MÁS, y que debe volver a expresarse para que a nadie se le ocurra que puede volver a sumergirnos a los argentinos en la oscuridad del Terrorismo de Estado.

Santiago Maldonado puede ser el primero pero puede también ser el último. De nuestro abrazo fraterno, de nuestra lucha solidaria, de nuestro compromiso militante depende uno u otro destino.

Por eso el pedido de APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO Y EL JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPALBES debe estar presente en todos lados, en el trabajo, en el aula, en el barrio, en el hospital, en las paredes y en las calles de nuestra ciudad, del país y del mundo.

Como dijo alguna vez Arnulfo Romero obispo mártir salvadoreño

“EN NOMBRE DE ESTE SUFRIDO PUEBLO,
LES SUPLICO,
LES RUEGO,
LES ORDENO…” DEVUELVANNOS A SANTIAGO MALDONADO.
DEVUELVANNOS A SANTIAGO MALDONADO.